Uno de los iconos más grandes del
cine fantástico y la cultura pop es
sin duda, Godzilla. Referencia
obligada cuando se habla de monstruos gigantes, el cine de kaijus, rugidos memorables y mucho más. Desde su origen en 1954 con
Gojira, este ícono oriundo de Japón
se ha enfrentado contra la humanidad, razas alienígenas, criaturas mutantes y
demás monstruos gigantes en casi tres decenas de películas, entre ellas, dos producciones
estadounidenses. En su primera encarnación occidental, Hollywood de la mano de Roland Emmerich intentó americanizar a Godzilla en el año 1998 con una película con tintes cómicos que
hasta tuvo la osadía de rediseñar casi al 100% el clásico aspecto de la
criatura. Esta versión por supuesto vive con el infame estigma de ser uno de
esos ambiciosos remakes Hollywoodenses,
que la verdad si le quitas toda la carga que lleva su título y solo la
disfrutas hasta te puede parecer entretenida.
En el 2014, intentaron revivir en
América este fenómeno, ahora con Gareth Edwards tomando las riendas del
proyecto, logrando naturalmente un enfoque mucho más clásico, serio y digno de Godzilla. No esperábamos encontrarnos
con nuestro hijo radioactivo favorito tan rápido, pero Japón y Toho, país y compañía que lo vieron
nacer lanzaron una suerte de reinicio a la franquicia. Con la dirección a cargo
de la dupla Hideaki Anno y Shinji Higuchi, el concepto se reenfoca en los orígenes de la bestia o al menos una
historia que se cuenta a través de la perspectiva de un mundo (y principalmente
una ciudad) que recién se enfrenta por
primera vez con el reconocido monstruo. Esto es: Shin Godzilla (2016).
Un Japón del tiempo presente, en
pleno día común y corriente, empieza a experimentar sucesos raros; uno tras
otro. Barcos explotan, barcos se hunden, un túnel subterráneo colapsa, el
pánico empieza a crecer en la población en cuestión de horas. El gobierno
Japonés se reúne de emergencia para analizar la situación. ¿Actividad volcánica?
¿Ataque terrorista? Rando Yaguchi (Hiroki
Hasegawa) un joven funcionario se atreve a sugerir que podría ser obra de
una criatura desconocida de un tamaño sin precedente. Obviamente, se enfrenta
con críticas y escepticismo obligatorio de sus pares, pero cuando se revela que
la causa de estos sucesos es nada más, ni nada menos que Godzilla; Rando tendrá que emprender una carrera contra el tiempo
colaborando con quién sea y como sea para detener a esta amenaza y salvar el
mayor número de vidas posibles.
Shin Godzilla, como película, perdonen la expresión, es una bestia diferente a lo que estaba
acostumbrado ¿Para bien? Sí y no. Más no,
que sí. Ya no tengo la memoria tan
fresca en cuanto a las muchas aventuras de este monstruo gigante, además de que
no las conozco todas. Aun así, puedo aventurarme a decir sin mucho rodeo, que
pocas me han aburrido tanto como lo hizo Shin
Godzilla. La película tiene un concepto interesante, un enfoque que me
gustaría se explotara más en películas de este tipo; la perspectiva
gubernamental, operativa, de las personas a cargo, ¿Cómo reacciona el país ante
este increíble suceso? ¿Cómo reacciona el mundo? Shin Godzilla hace de este concepto el motor de su historia, y aquí su gran virtud y su gran problema.
Hacer a los funcionarios de gobierno y su equipo de expertos los personajes
centrales fue un giro innovador, pero creo que la película careció de una
perspectiva más de tierra, de cara a
la acción.
Anno y Higuchi se obsesionan con
los interiores de la oficinas, de los centro de reuniones, con las conferencias
de prensa, con el intercambio incesante de líneas de dialogo entre uno, dos,
tres, cuatro y más y más personajes,
rebotando y refutando teorías, perspectivas, opiniones, ideas. Es revelador ver
a lujo de detalle el detrás de bambalinas
de una crisis como la que plantea la cinta, pero llega un punto en que me pareció
demasiado. Tomando en cuenta el hecho que las audiencias occidentales, y hasta
cierto punto globales, estamos
acostumbrados a un cine de rápida
recompensa, una película como Shin
Godzilla cae más densa de lo que esperamos, pero quitando esta noción de la
ecuación creo que mucho de la cinta sale
sobrando y ciertas cosas faltaron.
¿Qué tal si alternamos puntos de vista entre los altos mandos del gobierno y un
policía metropolitano envuelto en el caos, en la ciudad, entre la gente
asustada? ¿Qué tal si alternamos puntos de vista con una familia de civiles
siendo evacuados a causa de una amenaza que aún no entienden? Son sólo opciones
que se me venían a la mente cuando veía la película; atrapado con los mismos
personajes, discutiendo, mirando monitores de computadora, hablando por sus teléfonos
celulares, en las mismas oficinas de gobierno.
Claro, no todo fue personajes discutiendo, cuando Shin Godzilla nos regocija con mostrarnos al monstruo titular usa
una sorprendentemente efectiva y nostálgica mezcla de efectos visuales por
computadora con los muy queridos efectos prácticos.
Godzilla se ve aterrorizante, diferente,
clásico, falso y real a la vez; todo depende del ángulo, la escena y el punto
de la película en el que nos encontremos. Las imagenes de la gran figura apostada en medio de Tokio como si fuera un muñeco gigante situado en una maqueta, son imágenes poderosas que justifican de cierta manera, todas esas alegorías que se le atribuyen a Godzilla, de ser cierta deidad, el imparable e indestructible puño vengador de la naturaleza. Cuando el rey de los monstruos destruye la ciudad, aviones, helicópteros y demás
Shin Godzilla es un divertido
ejercicio en explotar ese cariño que le tienes a estas películas. Para bien o
para mal, el resultado termina siendo muy poco Godzilla y mucho de lo otro.
Siendo seguidor de los kaijus o al menos del famoso rey de los monstruos, Shin Godzilla es una propuesta
interesante para revisitar una historia clásica. Si eres de los que se quejó
que Godzilla (2014) mostró muy poco
al monstruo, Shin Godzilla te hará
apreciarla mucho más.
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