"We'll settle this behind the wheel."
¿Qué tipo de maldición le ha
puesto Hollywood a las adaptaciones
de videojuegos? Lo digo porque todas cargan con el estigma de ser malas, muy malas. Y lo peor, es que ese
estigma usualmente es indicador de una triste realidad, las películas basadas
en videojuegos usualmente son de lo peor que suele ofrecer Hollywood. Claro, podemos entrar en el debate de que no todas son horrendas, y claro, me encanta
discutir del par que cada quién cree que son la excepción, pero creo que
podemos coincidir que independientemente de que disfrutemos estas películas; no
son entretenimiento de la más alta calidad. Son filmes palomeros, sin mucha
profundidad, junk food cinema pues, y
claro, eso no tiene nada de malo, pero lo que me molesta o más bien lo que me frustra
es que muchos juegos tienen historias buenísimas, interesantes, ricas en trama,
personajes y muchos elementos más, y ¿Qué pasa? Terminan llegando a la pantalla
grande en la forma de nada más, ni nada menos que una película de acción mediocre.
El mejor (o peor) ejemplo en este
rubro es la franquicia de Resident Evil que está basada en una
serie de videojuegos con geniales historias, cuyas películas son cada vez más
increíblemente estúpidas. Confieso que soy parte del problema, porque ahí estoy
de masoquista, viéndolas, porque pues, al final es Resident Evil.
Hablemos de la película que vi
recientemente, uno de esos blockbusters
que se lanzan en el primer trimestre del año, Need for Speed retitulada
en México simplemente como Need for
Speed: La Película, para que no te confundas, pues. Éste filme es dirigido
por el estadounidense Scott Waugh, y
es solo su segundo intento como director después del thriller de acción Act of Valor (Invencibles, 2012), un panfleto patriótico gringo que hasta la
fecha no he visto, pero cabe mencionar que más que como realizador, Waugh tiene experiencia extensa como stunt coordinator, así que al menos el
tipo tiene un buen ojo para la acción.
El guión escrito por el primerizo George
Gatins deja mucho que desear, pero claro, ya sabemos a lo que vamos con estas películas, o al menos así tendemos a
defender una película hueca, ¿no? Need
for Speed tiene el atractivo también, de ser el primer vehículo actoral de
alto perfil del actor Aaron Paul,
famoso por el papel de Jesse Pinkman
en la estruendosamente genial serie televisiva, Breaking Bad (2008). Paul disfrutando de una atención rotunda
debido al gran éxito de ese proyecto ha sido fichado para varios títulos
cinematográficos y Need for Speed es
la primera película grande que le
pone la responsabilidad de protagonista.

Basada en la franquicia de
videojuegos lanzada por Electronic Arts,
la película nos centra con el mecánico Tobey
Marshall (Aaron Paul) que también, por supuesto, es corredor de autos y
dueño del taller familiar Marshall Motors,
donde los empleados también son sus mejores compinches.
Su conocido de la infancia y rival en el asfalto, Dino Brewster (Dominic Cooper) se ha convertido en
un piloto famoso y lo contacta después de varios años para una propuesta de
negocios. Después de que en una carrera callejera uno de los mejores amigos de Tobey, fallece en un horrible accidente
causado por Dino, Tobey es inculpado por la muerte y es
enviado a prisión por dos años. Después de cumplir su condena, él solo busca
vengar a su compañero infiltrándose en una prestigiosa carrera clandestina
conocida como De Leon para destronar
a Dino y limpiar su nombre de una vez
por todas.

Tenía toda la disposición para
que Need for Speed me cautivara. De
verdad la tenía. Tengo poca experiencia con el juego, así que no podemos operar
con nostalgia o apego al material
original, aunque recuerdo haber pasado muchos buenos momentos jugando Need for Speed: Carbon con mis amigos, y
más allá de eso, la presencia de Aaron
Paul y ese discurso triunfador que recita en el primer tráiler de la película (que no se encuentra en el filme en sí)
fueron lo que me logró vender la emoción. Y ¿me gustó? En parte. Más no que sí, duele decirlo, pero así es. Lo que me decepciona, es que en el fondo Need
for Speed es una buena película, ahí
está, muriendo por sacar la cabeza, encima de todas la sarta de ridiculeces
que la entorpecen y la hacen ser un mediocre producto Hollywoodense más. Digo, la historia no es gran cosa, pero
funciona. No es nada innovador, pero las historias que tienen la venganza como motor primario usualmente
funcionan, al menos conmigo, pero Need for Speed nunca decide realmente
que ruta tomar. Es lugar común y casi inevitable comparar a esta película con
la exitosísima franquicia de Fast & Furious que inició por
allá del 2001 que tiene más que dominado el ámbito cinematográfico de autos
rápidos, tipos rudos y mujeres hermosas. Ésta película intenta distanciarse
un poco de la conocida serie ubicándose más en el ámbito de autos de diseñador
y de carreras de circuito que de la cultura underground
de carreras callejeras, aunque de todas maneras, para no errar, la película
toca esta base también. Lo que Need for
Speed falla en lograr es en un balance saludable entre comedia y drama, cosa
que las películas de Fast & Furious
lograron hacer en su mayoría. Esta cinta se va demasiado para un lado o para el
otro, desentonando el ambiente general. En una escena tenemos a Aaron Paul, que se ha probado como un
excelente actor dramático, mostrando intensas emociones, y en la siguiente
escena tenemos a sus cómicos amigochos
haciendo algo chistoso que raya en lo slapstick,
las bromas muchas veces son trilladas y lo peor, fuera de tono. La inclusión de un juguetón flirteo entre el
personaje de Paul y el interpretado
por la actriz Imogen Poots fue un
pesado lastre que la detenía a la película cada vez que parecía ganar momentum. No culpo a Paul, ni a Poots necesariamente, sino a un libreto que trata su romance
genérico con no más profundidad u originalidad que cualquier infumable romcom de principios de los 2000.

Ahora bien, Need for Speed tiene a su favor que su protagonista tiene un
carisma natural, presencia en pantalla y talento actoral. Naturalmente él hace
que ciertas situaciones embarazosamente malas, no duelan tanto y sirve como el ancla emocional. La aparición del genial Michael Keaton fue un toque interesante, fungiendo como una especie
de narrador omnipresente, su
personaje, conocido como Monarch, es
un sabelotodo del mundo automotriz y organizador de la carrera central de la
película, su voz es algo así como un coro
griego que le agrega emoción a lo que ocurre y nos anticipa el clímax de la
historia, su entusiasmo es contagioso. Podríamos
decir que Keaton es desperdiciado
aquí, pero aprecié su cameo
extendido. Dominic Cooper, un actor
que considero talentoso y que aún no encuentra ese papel correcto para él, es
un villano de cartón, Cooper hace lo
que puede incluyendo un al menos convincente acento estadounidense, pero la
verdad es que es un personaje demasiado beige,
un douchebag genérico que no es lo suficiente
malo, ni cool para ganarse el estatus de antagonista. Mejor ni hablamos del
resto del elenco de reparto, los clichés
ambulantes que son los compinches de Tobey, interpretados por unos
insufribles Ramon Rodriguez, Rami Malek y el más insoportable de
todos, Scott Mescudi (mejor conocido
como el rapero Kid Cudi, en su debut
cinematográfico). El papel de Dakota
Johnson es tan desechable que mejor ni lo mencionamos.

En cuanto a lo que buscamos al
ver este tipo de película, que sería la acción y las carreras de autos, Need for Speed cumple al menos en hacer
un espectáculo interesante, ya que sus secuencias de acción se sienten en
momentos emocionantes y legítimas en su factura. Por supuesto, sabemos que un
helicóptero rescatando a un auto de carreras a punto de saltar por un
precipicio no tiene nada de verosímil, pero me refiero a que el director Scott Waugh filma estas escenas con
estilo y sobriedad visual, logrando que a simple vista, no se note que ninguna
secuencia esté manipulada por CGI. El
hecho de que la destrucción se sienta orgánica le agrega un toque old school muy apreciado a la película. Hay
una secuencia donde un estilizado auto de carreras sufre un terrible choque en
cámara lenta y confieso que lo consideré un pedazo de majestuosa destrucción
cinemática. Podríamos tachar a Need for
Speed como un simple ejercicio de style
over substance pero la verdad es que no tiene tanto estilo como para compensar la falta de substancia.
Así, Need for Speed se une a una larga lista de adaptaciones de
videojuegos decepcionantes. Sé que los videojuegos no tienen una historia que
uno pueda llamar profunda o hasta donde tengo entendido, ni siquiera tienen
historia en sí, pero ésta como muchas películas inspiradas por algún videojuego,
piensan que tienen que ser de lo más simple,
lo más vacío, utilizando las mismas
bromas trilladas, los mismos clichés
narrativos y el mismo error de pensar que con solo ponerle el título a cualquier
intento a medio cocinar, va a resultar en algo de calidad o que la gente quiera
volver a ver. Ni Aaron Paul, ni Michael Keaton, ni la franquicia de Need for Speed merecen un producto
mediocre como lo es ésta película.