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28 de abril de 2014

Cinema Review - The Amazing Spider-Man 2 (2014)

"Let's go catch a spider."

En ésta era del superhéroe, cada temporada de blockbuster es una batalla por la supremacía superheróica, como muchos dicen, cada quien lucha por su rebanada del pastel, como sea esto tenemos un saludable número de adaptaciones comiqueras cada año; hablemos de la más reciente. Después de que Marvel Studios con mucho éxito logró construir su universo cinematográfico con el lanzamiento de Iron Man (Iron Man: El Hombre de Hierro, 2008) y su escena post-créditos que nos prometía sin decir mucho, una megahistoria que englobaría a varias películas a través de varios años, obviamente los estudios que aún poseen los derechos de estos valiosos personajes intentan irse por la misma ruta. Por su lado Fox hace lo posible por atar cabos e integrar todas las versiones de sus personajes de las historias de X-Men, al mismo tiempo que intenta inyectarle nueva vida a los Fantastic Four, mientras que Sony Pictures, pues, reinició a Spider-Man con intenciones de imitar un poco más este sistema de universo compartido.

Antes de entrar a la película en cuestión, como es de costumbre, un breve recuento: Hace poco más de una década, el gran cineasta estadounidense Sam Raimi trajo a la pantalla grande la primera adaptación cinematográfica del arácnido con Spider-Man (El Hombre Araña, 2002) y podría decirse que fue una película universalmente aclamada, que junto con X-Men lanzada dos años antes le dieron inicio a lo que denomino (no muy originalmente) la era del superhéroe.  Raimi se encargó de sus secuelas también, Spider-Man 2 (El Hombre Araña 2, 2004) obtuvo aún más éxito y aclamo, mientras que la tercera entrega en el 2007 derrumbó todas las expectativas con una historia apresurada, a momentos embarazosamente ridícula y en general una rotunda decepción. Hubo rumores de que Spider-Man 4 iba a continuar la franquicia, ya que la tercera parte aún siendo un bodrio naturalmente recaudó una tonelada de billetes, pero al parecer Sam Raimi, el protagonista Tobey Maguire y compañía no fueron recontratados. Sony y Marvel dejaron dormir al personaje una década hasta que revivió en pantalla grande con un reinicio conocido como The Amazing Spider-Man (El Sorprendente Hombre Araña, 2012). El realizador novato Marc Webb, quién solo tenía una comedia romántica indie bajo su cinturón fue el elegido para tomar las riendas del lucrativo y popular personaje. Con un nuevo elenco, enfoque y un villano cinematográficamente virgen, The Amazing Spider-Man nos cuenta (de nuevo) el origen de Peter Parker y su enmascarado alter ego. La película estrenada en el mismo año que colosos taquilleros como The Dark Knight Rises (Batman: El Caballero de la Noche Asciende, 2012) y The Avengers (Avengers: Los Vengadores, 2012) pasó un poco desapercibida, especialmente comparándola con la cinta del 2002, pero aún así la secuela se puso en marcha, y así… llegamos al año 2014. The Amazing Spider-Man 2 lanzada en México con el larguísimo título de El Sorprendente Hombre Araña 2: La Amenaza de Electro, continua las aventuras del arácnido y desteje aún más el misterio presentado en la primera película, intentando crear un mundo amplio con posibilidades de spin-offs e incontables secuelas.

El adolescente Neoyorkino, Peter Parker (Andrew Garfield) aún vive entre ser el justiciero enmascarado Spider-Man, y un joven normal. Su relación con su amor preparatoriano Gwen Stacy (Emma Stone) le causa remordimiento al no poder quitarse la sensación de que su vida como superhéroe la pone en peligro a ella. Al mismo tiempo, hay un nuevo villano en la ciudad; el antisocial empleado de Oscorp, Max Dillon (Jamie Foxx) sufre un raro accidente en uno de los generadores de la compañía y lo convierte en el autoproclamado Electro, un ser de electricidad que será un poderoso obstáculo para Spider-Man. También, el viejo amigo de Peter, Harry Osborn (Dane DeHaan) ha regresado a la ciudad para tomar el trono como heredero del misterioso imperio de Oscorp, donde descubrirá sus propias tendencias villanescas.

No se siente que fue hace tanto tiempo que las películas de Raimi llegaban a la pantalla grande, ¿Por qué? Porque no fue hace tanto. No es tanto el tiempo entre una secuela u otra o entre un reboot y otro, sino que Spider-Man fue el primer superhéroe de alto perfil en ser reiniciado dentro de ésta misma era del superhéroe de los años 2000. Ésta nueva visión de Marc Webb no se siente tan distante de la de Raimi como muchos creen; los tintes ultra dramáticos telenovelezcos siguen ahí, momentos de humor slapstick y comedia física siguen existiendo, y aunque Webb hace el tono de ésta secuela más family friendly todavía se nota que trata a los personaje un poco más en serio. Soy un completo esclavo del enfoque real en las películas de superhéroes, debo confesarlo, y ésta versión de Spider-Man se siente más natural y menos posible de evolucionar de cierta manera que termine siendo la broma pesada que fue Spider-Man 3 (El Hombre Araña 3, 2007). El equipo de guionistas Alex Kurtzman y Roberto Orci colaborando con Jeff Pinkner crearon una historia que encaja bien con su predecesora, que al mismo tiempo que desarrolla el misterio general (la misteriosa ausencia de los padres de Peter, la figura maligna detrás de Oscorp) nos presenta nuevos villanos y expande el universo de manera correcta. Claro, hay ciertas cosas que no se sintieron del todo bien escritas como por ejemplo la naturaleza siniestra inherente de Harry Osborn, nunca realmente se sintió el lado “amigo” de él, prácticamente fue un villano desde que aparece en pantalla; además esa secuencia introductoria donde vemos a los padres de Peter en un avión fue demasiado lejos con la inverosimilitud del asunto y otro par de detalles, que en mi opinión no le quitan a la experiencia. El filme es divertido.

El avance en tecnología de efectos visuales definitivamente se siente en estos años de diferencia, ya que las escenas de acción y de Spidey colgándose y meciéndose entre los rascacielos de Nueva York nunca se han visto mejor. En sí, Electro es un villano muy interesante, y lo que no fue explorado en la película fue compensado con sus escenas de acción, que dan para un excelente uso del CGI. El diseño del Green Goblin, o Hobgoblin o como se llame el Harry-villano no cambia mucho de lo que se muestra en la primera película aunque sustituye la ramplona máscara que usaba el Norman Osborn de Willem Dafoe por un aspecto un poco más siniestro, sin duda. El look extraordinario de la película no le hace ningún daño, me parece que la fotografía de Dan Mindel resalta lo mejor de los colores y hace ver a la ciudad de Nueva York vibrante y brillante por la noche. La acción es fenomenal, mejor que la primera película, intensa, bien dibujada y muy entretenida. Lo que el guión carece, las actuaciones rellenan en gran parte. Andrew Garfield creo yo, sigue apoderándose del rol de Peter Parker, de su carismático humor e intenso conflicto interno, su química con Emma Stone es fabulosa que hacen que las cursilerías más exageradas se sientan genuinas. Jamie Foxx interpreta a un nerd convertido en súper villano de una manera bastante creíble a pesar de su usual andanza de douchebag, pero el que se roba el show es absolutamente Dane DeHaan que a pesar de tener la cara de un niño pre-adolescente, su presencia impone y emana un cierto toque incómodo muy efectivo. No olvidemos a la siempre excelente Sally Field, y que el filme está plagado de caras y personajes conocidos encarnados por buenos actores como Paul Giamatti, Chris Cooper, B.J. Novak, Felicity Jones, entre otros.
 
The Amazing Spider-Man 2 tiene sus detractores, como lo es natural en éste ámbito. Algunas veces se siente como que la película comete el error de morder más de lo que puede masticar con demasiados personajes y tramas (de hecho, el otro amor de PeterMary Jane Watson iba a hacer una aparición aquí, interpretada por Shailene Woodley, pero su personaje terminó siendo editado a medio filmar debido a que la duración y el guión ya estaban muy abarrotados) pero honestamente para éste humilde par de ojos, la película fue una joya visual. Además la historia es entretenida, con drama, humor y acción que funcionan y al final de todo; un paso en el camino correcto para ésta aparente propuesta de expandir el mundo de Spider-Man a interesantes ámbitos inexplorados. Tíldame como interesado.

6 de abril de 2014

Underrated Cinema - Never Die Alone (2004)

"Ain't nobody ever missed a rattlesnake."

Hace algo de tiempo me topé con una copia en DVD de una película que recuerdo haber disfrutado en el momento que salió pero desafortunadamente fue de esas que se pierde en la marea. Obviamente recordando que la película me había sorprendido no dudé en comprarla a un precio baratísimo. No creo que la película tenga la culpa de no ser del todo memorable, digamos que más bien la culpa la tiene el contexto y las circunstancias en las que se estrenó. El filme del que hablo es uno que pude disfrutar en la pantalla grande hace ya algunos ayeres, Never Die Alone estrenada en México con el título El Círculo de la Muerte, se lanzó en el año 2004 sin mucha promoción y su corto paso por las salas de cine le recaudó alrededor de 5 millones de dólares mundialmente, un rotundo fracaso, pues. La película es protagonizada por Earl Simmons (¿quién es ese wey?) pues es mejor conocido como el rapero DMX que como muchos de sus colegas, su fama en el ámbito musical lo había llevado a co estelarizar mediocres películas de acción. En el caso de DMX, sus mas reconocidas fueron Exit Wounds (Red de Corrupción, 2001) al lado de Steven Seagal y Cradle 2 the Grave (Contra el Reloj, 2003) con Jet Li. Cualquier persona cometería el error de tachar a Never Die Alone como otra churrada de acción más, y no los culpo, la cosa es que acción ni siquiera es el género del filme, es bastante más que eso. La dirección es de Ernest Dickerson, un nombre más relacionado con el género del terror, con créditos como el intento de blaxploitation del 2001, Bones protagonizada por otro rapero, Snoop Dogg y la divertida Tales from the Crypt: Demon Knight (Cuentos de Ultratumba: El Caballero de los Demonios, 1995) la primera y mejor inclusión al cine que hizo la entonces aclamada serie televisiva de terror-comedia. Por cierto, ahora Dickerson se ha encargado de dirigir episodios regularmente para la serie de televisión súper exitosa, The Walking Dead. Con su extenso currículo en el género, podemos decir que el buen Ernest Dickerson no solo sirve para el terror porque Never Die Alone, basada en una novela de Donald Goines es un ejercicio interesante de blaxploitation y film noir.

La película es narrada por nuestro protagonista, King David (DMX) un ampón callejero quien después de robarle varios miles de dólares en droga a su empleador, el ambicioso gángster, Moon (Clifton Powell) y convertirse en un reconocido traficante de mediano nivel, regresa a su ciudad natal para intentar enmendar algunos errores. Después de que el regreso de King David desata una serie de eventos desafortunados, contar la historia de éste pintoresco individuo le tocará a Paul (David Arquette), un aspirante a periodista que de manera fortuita se ve involucrado en todo esto.


Todos los cinéfilos y los no tan cinéfilos tenemos nuestras películas favoritas, también nuestros placeres culposos como muchos les llaman, y también tenemos esas películas que realmente creemos que están subestimadas, películas que quizá si alguien se dignara a voltearlas a ver una segunda vez descubrirían que valen la pena. Para mí, Never Die Alone es uno de esos títulos. La película es un crime drama que se toma a sí mismo completamente en serio, y haciendo eso logra llegar a un nivel dónde consigue emular muy naturalmente ciertas convenciones del film noir con un aspecto y vibra de los 70s que grita blaxploitation. Una historia corta y concisa, sin muchas pretensiones que nos dibuja un personaje despiadado pero aún así carismático a través de la actuación de DMX, conduciendo su auto por la barrios bajos, con un cigarrillo colgando de los labios, el humo ultra visible en la fotografía. La manera en que se va desenvolviendo te hace olvidar los errores que uno pueda considerar, es más, hasta creo que los errores le agregan a esa vibra blaxploitation de la que hablo. Reitero y admiro el enfoque pequeño de la historia; es un cuento urbano de un hombre que logró su sueño americano, tangible, pequeño, sin llegar hasta las más altas cúpulas como por ejemplo el personaje que pinta Scarface (Caracortada, 1983) o películas por el estilo. El King David de DMX es un traficante de poca monta, que hace lo que tiene que hacer para triunfar y que aunque al parecer siempre fue un verdadero bastardo, cuando tiene éxito es cuando realmente comienza a mostrarlo. Su historia no es de opulencia ni de cómo el poder/dinero corrompe al hombre, es más el despertar emocional de un tipo no del todo bueno. La dirección de Dickerson es interesante, la cámara se mueve de cierta manera y la imagen tiene una textura granulosa que no estoy seguro si fue con la intención de hacerla parecer más grindhouse o si realmente la quiso filmar estilo amateur con efectillos ramplones y flashbacks teñidos de colores.

Las actuaciones en sus diferentes grados de calidad por así decirlo, funcionan, aunque a veces podamos considerarlas que son cliché o exageradas de alguna extraña manera dentro del contexto de la película logran encajar. Tenemos a DMX haciendo su papel de cool de una manera que quizá inconscientemente le ayudó al personaje, King David cree que es mucho, pero no lo es y eso creo que se nota en la actuación. Me quito el sombrero ante la habilidad que tuvo DMX (que nunca he considerado realmente un actor) para darle algo de dimensión y profundidad emocional a su personaje; años luz de las acartonadas caricaturas de acción las cuales acostumbraba encarnar. Clifton Powell es deliciosamente cliché como el villanesco Moon, David Arquette sirve como los ojos de la audiencia, una especie de catalizador de ésta pequeña historia; a su vez Reagan Gomez-Preston y Jennifer Sky, creo hacen un gran trabajo como los trágicos amores de nuestro personaje principal, entre muchos otros.

Puedo agregar que Never Die Alone no es un gran épico de gángsters a la De Palma, Coppola o Scorsese, por supuesto que no. La película tiene más en común con cintas como Bullet (Pandillero, 1996) una historia urbana con drama y corazón que valen la pena contarse. Un triste y violento character study,  podríamos decirle. Es recomendable redescubrir Never Die Alone en formato casero (de seguro la encuentran a la venta por una miseria) o si nunca has tenido la oportunidad de verla, echarle un vistazo si es que éste tipo de películas llaman tu atención; es una pequeña joya que no tuvo la atención que se merece. 

18 de marzo de 2014

Cinema Review - Need for Speed (2014)

"We'll settle this behind the wheel." 

¿Qué tipo de maldición le ha puesto Hollywood a las adaptaciones de videojuegos? Lo digo porque todas cargan con el estigma de ser malas, muy malas. Y lo peor, es que ese estigma usualmente es indicador de una triste realidad, las películas basadas en videojuegos usualmente son de lo peor que suele ofrecer Hollywood. Claro, podemos entrar en el debate de que no todas son horrendas, y claro, me encanta discutir del par que cada quién cree que son la excepción, pero creo que podemos coincidir que independientemente de que disfrutemos estas películas; no son entretenimiento de la más alta calidad. Son filmes palomeros, sin mucha profundidad, junk food cinema pues, y claro, eso no tiene nada de malo, pero lo que me molesta o más bien lo que me frustra es que muchos juegos tienen historias buenísimas, interesantes, ricas en trama, personajes y muchos elementos más, y ¿Qué pasa? Terminan llegando a la pantalla grande en la forma de nada más, ni nada menos que una película de acción mediocre. El mejor (o peor) ejemplo en este rubro es la franquicia de Resident Evil que está basada en una serie de videojuegos con geniales historias, cuyas películas son cada vez más increíblemente estúpidas. Confieso que soy parte del problema, porque ahí estoy de masoquista, viéndolas, porque pues, al final es Resident Evil.

Hablemos de la película que vi recientemente, uno de esos blockbusters que se lanzan en el primer trimestre del año, Need for Speed retitulada en México simplemente como Need for Speed: La Película, para que no te confundas, pues. Éste filme es dirigido por el estadounidense Scott Waugh, y es solo su segundo intento como director después del thriller de acción Act of Valor (Invencibles, 2012), un panfleto patriótico gringo que hasta la fecha no he visto, pero cabe mencionar que más que como realizador, Waugh tiene experiencia extensa como stunt coordinator, así que al menos el tipo tiene un buen ojo para la acción. El guión escrito por el primerizo George Gatins deja mucho que desear, pero claro, ya sabemos a lo que vamos con estas películas, o al menos así tendemos a defender una película hueca, ¿no? Need for Speed tiene el atractivo también, de ser el primer vehículo actoral de alto perfil del actor Aaron Paul, famoso por el papel de Jesse Pinkman en la estruendosamente genial serie televisiva, Breaking Bad (2008). Paul disfrutando de una atención rotunda debido al gran éxito de ese proyecto ha sido fichado para varios títulos cinematográficos y Need for Speed es la primera película grande que le pone la responsabilidad de protagonista.

Basada en la franquicia de videojuegos lanzada por Electronic Arts, la película nos centra con el mecánico Tobey Marshall (Aaron Paul) que también, por supuesto, es corredor de autos y dueño del taller familiar Marshall Motors, donde los empleados también son sus mejores compinches. Su conocido de la infancia y rival en el asfalto, Dino Brewster (Dominic Cooper) se ha convertido en un piloto famoso y lo contacta después de varios años para una propuesta de negocios. Después de que en una carrera callejera uno de los mejores amigos de Tobey, fallece en un horrible accidente causado por Dino, Tobey es inculpado por la muerte y es enviado a prisión por dos años. Después de cumplir su condena, él solo busca vengar a su compañero infiltrándose en una prestigiosa carrera clandestina conocida como De Leon para destronar a Dino y limpiar su nombre de una vez por todas.

Tenía toda la disposición para que Need for Speed me cautivara. De verdad la tenía. Tengo poca experiencia con el juego, así que no podemos operar con nostalgia o apego al material original, aunque recuerdo haber pasado muchos buenos momentos jugando Need for Speed: Carbon con mis amigos, y más allá de eso, la presencia de Aaron Paul y ese discurso triunfador que recita en el primer tráiler de la película (que no se encuentra en el filme en sí) fueron lo que me logró vender la emoción. Y ¿me gustó? En parte. Más no que , duele decirlo, pero así es. Lo que me decepciona, es que en el fondo Need for Speed es una buena película, ahí está, muriendo por sacar la cabeza, encima de todas la sarta de ridiculeces que la entorpecen y la hacen ser un mediocre producto Hollywoodense más. Digo, la historia no es gran cosa, pero funciona. No es nada innovador, pero las historias que tienen la venganza como motor primario usualmente funcionan, al menos conmigo, pero Need for Speed nunca decide realmente que ruta tomar. Es lugar común y casi inevitable comparar a esta película con la exitosísima franquicia de Fast & Furious que inició por allá del 2001 que tiene más que dominado el ámbito cinematográfico de  autos rápidos, tipos rudos y mujeres hermosas. Ésta película intenta distanciarse un poco de la conocida serie ubicándose más en el ámbito de autos de diseñador y de carreras de circuito que de la cultura underground de carreras callejeras, aunque de todas maneras, para no errar, la película toca esta base también. Lo que Need for Speed falla en lograr es en un balance saludable entre comedia y drama, cosa que las películas de Fast & Furious lograron hacer en su mayoría. Esta cinta se va demasiado para un lado o para el otro, desentonando el ambiente general. En una escena tenemos a Aaron Paul, que se ha probado como un excelente actor dramático, mostrando intensas emociones, y en la siguiente escena tenemos a sus cómicos amigochos  haciendo algo chistoso que raya en lo slapstick, las bromas muchas veces son trilladas y lo peor, fuera de tono. La inclusión de un juguetón flirteo entre el personaje de Paul y el interpretado por la actriz Imogen Poots fue un pesado lastre que la detenía a la película cada vez que parecía ganar momentum. No culpo a Paul, ni a Poots necesariamente, sino a un libreto que trata su romance genérico con no más profundidad u originalidad que cualquier infumable romcom de principios de los 2000.

Ahora bien, Need for Speed tiene a su favor que su protagonista tiene un carisma natural, presencia en pantalla y talento actoral. Naturalmente él hace que ciertas situaciones embarazosamente malas, no duelan tanto y sirve como el ancla emocional.  La aparición del genial Michael Keaton fue un toque interesante, fungiendo como una especie de narrador omnipresente, su personaje, conocido como Monarch, es un sabelotodo del mundo automotriz y organizador de la carrera central de la película, su voz es algo así como un coro griego que le agrega emoción a lo que ocurre y nos anticipa el clímax de la historia, su entusiasmo es contagioso.  Podríamos decir que Keaton es desperdiciado aquí, pero aprecié su cameo extendido. Dominic Cooper, un actor que considero talentoso y que aún no encuentra ese papel correcto para él, es un villano de cartón, Cooper hace lo que puede incluyendo un al menos convincente acento estadounidense, pero la verdad es que es un personaje demasiado beige, un douchebag genérico que no es lo suficiente malo, ni cool para ganarse el estatus de antagonista. Mejor ni hablamos del resto del elenco de reparto, los clichés ambulantes que son los compinches de Tobey, interpretados por unos insufribles Ramon Rodriguez, Rami Malek y el más insoportable de todos, Scott Mescudi (mejor conocido como el rapero Kid Cudi, en su debut cinematográfico). El papel de Dakota Johnson es tan desechable que mejor ni lo mencionamos.

En cuanto a lo que buscamos al ver este tipo de película, que sería la acción y las carreras de autos, Need for Speed cumple al menos en hacer un espectáculo interesante, ya que sus secuencias de acción se sienten en momentos emocionantes y legítimas en su factura. Por supuesto, sabemos que un helicóptero rescatando a un auto de carreras a punto de saltar por un precipicio no tiene nada de verosímil, pero me refiero a que el director Scott Waugh filma estas escenas con estilo y sobriedad visual, logrando que a simple vista, no se note que ninguna secuencia esté manipulada por CGI. El hecho de que la destrucción se sienta orgánica le agrega un toque old school muy apreciado a la película. Hay una secuencia donde un estilizado auto de carreras sufre un terrible choque en cámara lenta y confieso que lo consideré un pedazo de majestuosa destrucción cinemática. Podríamos tachar a Need for Speed como un simple ejercicio de style over substance pero la verdad es que no tiene tanto estilo como para compensar la falta de substancia.

Así, Need for Speed se une a una larga lista de adaptaciones de videojuegos decepcionantes. Sé que los videojuegos no tienen una historia que uno pueda llamar profunda o hasta donde tengo entendido, ni siquiera tienen historia en sí, pero ésta como muchas películas inspiradas por algún videojuego, piensan que tienen que ser de lo más simple, lo más vacío, utilizando las mismas bromas trilladas, los mismos clichés narrativos y el mismo error de pensar que con solo ponerle el título a cualquier intento a medio cocinar, va a resultar en algo de calidad o que la gente quiera volver a ver. Ni Aaron Paul, ni Michael Keaton, ni la franquicia de Need for Speed merecen un producto mediocre como lo es ésta película.

9 de diciembre de 2013

Cinema Review - The Last Days on Mars (2013)

"I don't know what it is but, it's definitely alive".

Nunca es mal momento para una buena película de terror/ciencia ficción, una combinación de géneros que en particular disfruto mucho, y también creo que es una combinación de géneros que siempre tiene mucho potencial a no funcionar. Por cada Alien (Alien: El Octavo Pasajero, 1979) o The Thing (La Cosa del Otro Mundo, 1982) hay 5 o más The Tommyknockers (Los Tommyknockers, 1993). Debo confesar, que The Last Days on Mars me ha encontrado desprevenido, a lo que me refiero es que, no sabía de su existencia, hasta que me topé con su tráiler en línea. Digo, es algo positivo a veces ese factor sorpresa; inmediatamente me llamó la atención la película y cuando tuve la oportunidad de echarle un vistazo, lo hice. El filme es el primer largometraje del irlandés Ruari Robinson, y aunque tiene un elenco con un par de caras reconocibles, de alguna manera, me aventuro a decir que pasó por debajo del radar de muchos aficionados del género. La película es basada en una historia corta llamada The Animators escrita por Sydney J. Bounds, y el guión corre a cargo de Clive Dawson, cuyo trabajo se ha limitado a episodios de televisión en series de no muy alto perfil. El talento creativo detrás de la película deja mucho que desear, ya que podría decirse que son primerizos en éste tipo de proyectos, pero siempre es bueno dar la oportunidad, en especial cuando, al menos el tráiler, pinta bien. Digo yo, ¿no?

En un futuro no especificado, la película nos sitúa a escasas 19 horas de que acaben los 6 meses de estadía de una misión en el planeta Marte. Una tripulación de astronautas de varias naciones, comandados por el capitán Charles Brunel (Elias Koteas) que incluye al ingeniero en sistemas, y héroe-por-default, Vince Campbell (Liev Schrieber), a la terca científica, Kim Aldrich (Olivia Williams), entre otros; están a punto de irse, cuando uno de ellos hace un monumental descubrimiento, vida bacteriana en Marte. Antes de que cualquiera pueda celebrar el suceso, esta bacteria alienígena revela su naturaleza destructiva, infectando a la tripulación, matándolos, y posteriormente, resucitándolos como una especie de zombies espaciales con ningún otro objetivo más que destrozar a todo ser vivo a toda costa.

El cine nos ha enseñado que las exploraciones al planeta Marte nunca salen del todo bien, o nunca traen resultados positivos. Podemos revisar la historia comenzando con dos películas bastante mediocres lanzadas el mismo año, que son con las que el filme en cuestión más comparte similitudes: Red Planet (Planeta Rojo, 2000) y Mission to Mars (Misión a Marte, 2000) éste último, sin duda, uno de los tropiezos más feos de Brian De Palma; dos ejemplos de como las misiones al planeta rojo no terminan bien, por más buenas intenciones que se tengan. Podemos recordar también, en una liga diferente, el show de terror serie B dirigido por John Carpenter, Ghosts of Mars (Fantasmas de Marte, 2001) como una película subestimada que a fin de cuentas dejó un buen sabor de boca, y se aprecia más con el paso del tiempo, o inclusive hasta el hit de culto del genial, Paul Verhoeven, Total Recall (El Vengador del Futuro, 1990). El hombre ha estado explorando cinematográficamente al planeta Marte desde los años 50s, y la verdad, The Last Days of Mars no la agrega nada nuevo al panorama. La película desarrolla su trama rápidamente, sin importarle mucho conocer a sus personajes, y lo que empieza o se pinta como una película de misión en el espacio de corte más existencial tal vez, rápidamente se disuelve a un desmadre de elementos que no tienen mucha coherencia unos con otros. Digo, me encanta el terror ramplón y violento, pero The Last Days of Mars no hace nada para sustentarlo, y no es particularmente divertido. La película me hizo sentir a momentos, como que estaba viendo una especie de versión de bajo presupuesto de Prometheus (Prometeo, 2012) en el peor de los aspectos, claro. Veámoslo así, en un momento estamos presenciando las dinámicas de un grupo de personajes, hasta cierto punto auténticos, que discuten el significado de su estadía en Marte, y en otro momento no muy alejado vemos como el primer, llamémosle space zombie, ataca a una víctima con un taladro. La película tiene serios problemas de identidad, y el director Ruari Robinson al parecer, no supo decidir que avenida tomar.

Si algo bueno puedo decir de la película, es que el talentoso elenco ayuda a vendernos este crudo concepto y hace mucho más tolerable toda la historia. Liev Schrieber, siempre es un placer ver para mi, aquí hace un papel competente como el stock hero, Elias Koteas también siempre agracia la pantalla con una ambigua naturaleza y genuinidad. Romola Garai y Olivia Williams dan contrapeso femenino, sólido y bien actuado. Vaya, que desperdicio de elenco, en un concepto tan poco cocinado.

The Last Days on Mars no es lo peor que hayas visto, ni en el terror, ni en la ciencia ficción, y tampoco en las películas de misión a Marte, sino que tenía los elementos y herramientas para ser algo más allá de una manchón rojo de terror apestoso a las peores modas cinematográficas del Y2K. Tal vez, elevé mis expectativas más de lo debido, no sé, los fans del terror y la ciencia ficción quizá no estén del todo decepcionados, es un ejercicio corto, en veces tenso, y bien actuado; la lástima es esa cruz que carga un sinnúmero de películas: que pudo ser mucho más